24 de mayo de 2018

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Yves Bonnefoy, poemas inéditos traducidos por Pablo Queralt


Es raro, yo no te reconozco.
Esta noche es tan oscura que ya no veo más tu rostro.
A pesar de esta luz en tus ojos.
De diversos colores allá tan lejos.
Yo comprendo que todos ustedes, 
no están más.
Cerca de mi como una sola presencia 
a quien tender la copa, yo no sé 
ni la quiero, yo la dejo, un instante.  
Percibiendo tus manos,
yo las toco con las mías, es suficiente.

Porque es verdad que en esta sala nada es real  
nosotros estamos juntos, usted y nosotros.
Ella  tiene tabiques que se desvanecen 
a los que yo me aproximo. Yo no sé 
si esto esta afuera, adentro, en esta noche clara, 
yo tomo la copa, yo la elevo, ella no esta más. 

Y que contenía ella, yo no supe jamás 
parecía real, era posible, podría ser, 
digamos, era un vino 
que nosotros deseamos beber juntos.

Yo recuerdo nuestros lugares compartidos
estábamos donde deseábamos, 
un prado y sus grandes árboles frente al cielo,
o entre placas de rocas, entre tinieblas?
Yo recuerdo, pero que es esto, recordar?
Rápido la quema de nada en el reloj de la arena, 
la memoria, ese pozo. Alrededor del verano 
el monte está desierto. Yo estoy allá, 
yo levanto la tapa de hierro oxidada 
de agua de otro siglo, de otro cielo, 
yo me inclino eres tú, 
la sonrisa de tantos años en esa noche. 



//



Mis amigos, mis amados,
yo les lego los dones que me confiaron
esta tierra próxima al cielo, nos une
por estas manos innombrables, el horizonte.
Yo les lego el fuego que nosotros contemplamos
quemar en el humo de las hojas secas
que un jardinero de lo invisible había empujado
contra un muro del hogar perdido.
Yo les lego estas aguas que parecen decir 
el hueco, en lo invisible, del barranco
que es el oráculo la nada que ellos llevan
y la promesa del oráculo. Yo les lego
con unas pocas brasas
esta ceniza apilada sobre el hogar apagado,
yo les lego el desgarro de las cortinas,
las ventanas que se entornan,
el ave que quedó atrapada
en la casa cerrada.



De "Ensemble encore" (Todavía juntos)
Traducción: Pablo Queralt
Otro poema de Yves Bonnefoy, aquí
Imagen: Aristegui Noticias

22 de mayo de 2018

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Alberto Cisnero




2



ya no recuerdo cómo fue. después pasaron 
muchos días. no hacen al tema. las luces
de las posadas, un curso de agua
translúcida, otro paisaje de niebla. más allá,
más arriba y más lejos el cielo es negro. por azar
o por juego, justo cuando la vida mudó color
y gala. y capturado el corazón. un secreto
que lo excede. la luz que irradia el candil, prevenida
frente a un extraño,
condesciende a uno.



3



recordarás un día. el contacto de mi mano
en la tuya. el que ahora te ofrezco. sólo
diremos que era en junio, hace muchos años.
recuerdo un día sólo porque viene con tu nombre
mezclado. y lejos y muy cerca. y pronto.
como una ola, pronto. y donde todo acaba
o todo comienza. como mi padre me miraba
un día. suelo asentir a lo que decís. y sé
que eso me alboroza. ahora ya soy viejo
y lo comprendo, hija.





8



he visto en los antigales las tinajas
de mis muertos. obviaron la emoción lexicógrafa, el
bostezo, un énfasis que chorreara, para trinar en el
agua. tributaron. palearon. firmaron
con una cruz. supieron y conservaron
sus nombres verdaderos y completos. compartieron
el mismo pedazo de pan.
ninguno adosó a sus atuendos emblema
de múltiples colores. vivieron y dieron su fin.
quichuistas todos en las casas.
bestias del mismo pelo. 





9



necesito dormir hasta la próxima ciudad
en la que el ómnibus se detenga. todo plan resulta perfecto si nadie se equivoca. aprendimos
esa lección al punto de cometer un error tras otro.
una respuesta en la cabeza: se acabaron
las costumbres. ya no sirven. ya no queda nada.
cedo a la negra noche. a la ruina de un hogar
cuyos horcones encierran el color del mistol pulverizado. desde la primera huella,
a cada paso delante, aplico el cartabón, convertido en su espejo.



 13



detrás del volante. sobre la ruta seis.
en un repente. la gran noche campo afuera
y la luna de invierno. una antigua habladuría
o una primera certeza o un obsequio. confituras de maicena. a miles. en un poblado del camino
tuve un rancho alguna vez. después pasó
el tiempo. me empeñé en las tabletas etruscas. porque mancillan lo que en la punta de la lengua
a ocluirse torna. hay también palabras veloces como la luz. o bala o rayo o síncope.
para un repente con la mano en el pecho.



15



las casas se derrumbaron. desaparecieron
las últimas poblaciones. se inundaron
los prados. el único producto exportado
es la luna. estaba incluido en los cálculos.
tengo mis privilegios. o soy cómplice
o soy testigo. eso quiere decir que estoy
pensando en vos. en no olvidarte al pensar.
las cosas que haga un tipo siempre tienen
alguna relación entre sí. esta noche
ya bebí demasiado. que alguien
me encierre, por favor.



52



en este cuadrilátero no queda nada entre
el firmamento y yo. con el viento
me gustaría llegar tan lejos hasta alcanzar
cada uno de los añicos o puntos transitorios
de luz que involucra no extenderse mucho
en las frases antes de necesitar un tónico
para los nervios. la luz es siempre la misma
y ninguno decidirá regresar y buscar ayuda.
nadie usurpará ese rincón. miro la mano
que vos sostuviste en alguna parte, alguna
vez, y sonrío. tiempo tan prontamente
conturbado.



57



hoy, recién hoy, me di cuenta de que tenemos
todo el tiempo. y el mejor lugar del mundo, merlina. lanzás una canción al aire y yo
que nada sé, cedo y recuerdo en el mismo instante. porque aparecen tu imagen y tu voz
y te encuentro aquí y allá. veremos pasar
y pasar el disco cobrizo del péndulo
como una luna plena. y finalmente
todos se irán. pero nosotros no.



85



intentás contar los puntitos, la noche
estrellada. pero siempre perdés la cuenta.
tal vez tengan algo para vos. un montón
de arena y mucho cielo azul. aunque el brillo
no resista más y caiga hacia adentro
como si estuviera lleno de piedras.
te escribo porque no estás
sola en el mundo.




De: "Las casas", Barnacle, 2018

20 de mayo de 2018

19 de mayo de 2018

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Gaby De Cicco en El Bosque sutil, ciclo de poesía


Desde el interior los árboles
parten hacia el bosque,
Adrienne, tú y yo lo sabemos
observando paisajes distintos.
Distintas tonalidades de verde
que crecen tanto en las islas,
como en los jardines.

También conocemos como dialogan
dos mujeres, savias de árboles
diferentes; sabemos Adrienne

que la libertad es sentarse
frente al delta de la vida
y escribir extensas cartas
que no hablan de descubrimientos,
pero sí de la ansiedad
que crece como tus árboles,
como mis rosas; como crece
el cuerpo de la amiga
en la noche de amor.

Escribir árboles, Adrienne,
es decir sobre lo sabio,
sobre lo antiguo
que nos atestigua: dos mujeres
que en diferentes lenguas
se cruzan
hablando de lo que saben.




Gaby De Cicco (1965, Santa Fe, Argentina)


18 de mayo de 2018

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Marcelo Rizzi, de "La experiencia Proust", inédito



uno presiente los signos
del envejecimiento cuando
imagina coches que vienen 
de frente en solitarios caminos
de comarca; apenas distingue
entre dulces sabores abisales
de los de la propia huerta;
no separa límite de confín,
da por entendido que la
experiencia ya no rechaza
el símbolo sino que como
un naipe lo apelmaza; sabe,
además, que si toda omisión
alguna vez fue bienvenida
ahora es una mancha
demasiado visible
en la camisa blanca





Otros poemas de Marcelo Rizzi, aquí

17 de mayo de 2018

12 de mayo de 2018

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Linda Gregg

Poetas norteamericanas


El cordero





Era una foto que tuve después de la guerra.
Una iglesia inglesa bombardeada. Yo era demasiado joven
como para conocer la palabra inglés o guerra,
pero conocía la foto.
La ciudad en ruinas todavía parecía noble.
La catedral con su techo volado
no dejaba de ser divina. La iglesia era la misma
más lluvia y cielo. Los pájaros volaban por dentro y por fuera
de los agujeros que el puño de Dios hizo en los muros.
Todo nuestro deseo de amor o  de niños 
es considerado por el enemigo como si fuera una broma.
Yo sabía tanto y de todos modos cantaba.
Como un pájaro que va a cantar hasta
que es derribado. Cuando quitan
los árboles, el niño agarra una rama
y dice, esto es un árbol, esta es la casa
y la familia. Como si se pudiera. A través de la puerta
de lo que había sido una casa, por el campo lleno
de escombros, anda un cordero solo, ladeando
la cabeza, curioso, sin miedo, hambriento.




Linda Gregg (1942, Suffern, New York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Adam Gai

Imagen: Youtube


The Lamb



It was a picture I had after the war.
A bombed English church. I was too young   
to know the word English or war,
but I knew the picture.
The ruined city still seemed noble.   
The cathedral with its roof blown off
was not less godly. The church was the same   
plus rain and sky. Birds flew in and out   
of the holes God’s fist made in the walls.   
All our desire for love or children   
is treated like rags by the enemy.
I knew so much and sang anyway.   
Like a bird who will sing until
it is brought down. When they take   
away the trees, the child picks up a stick   
and says, this is a tree, this the house
and the family. As we might. Through a door   
of what had been a house, into the field   
of rubble, walks a single lamb, tilting   
its head, curious, unafraid, hungry.


11 de mayo de 2018

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Rodolfo Privitera

Diálogo





Claro como corresponde al traje de los vaticinios
festejamos la ceguera y las vicisitudes del dolor
por todo aquello que nos fue abandonando.

Me preguntaba qué crecía fuera de mí;
riveras y figuras de niebla reflejadas en esa línea del cielo;
manos en espera melancólica
piernas avaras de movimiento
supersticiones que edifican esperanza.

Me pregunto por los atributos de este cuerpo
que vive para sostener la precariedad de su paisaje.
Qué es lo que vive más allá de este bosque idiotizado por el sol.

El ingenuo caminito de hierba mojadas,
florcitas crecidas al amparo
de colores que vuelan para enternecer la vida.

Y los cantos inesperados
galopan de puerta en puerta con su fuerza salvaje.




Mensaje





Uno es la memoria de un pasado;
dónde poner palabras que brotan de los pavos reales.
Mensaje híbrido de ebrios
que trastocan sílabas destinadas a la mudez;
Orejas que sobornan las repeticiones.
Remota rueca de roca que roe piedras y barro
coloreando el paisaje.

Sin embargo, los lirios expectantes amanecen embelleciendo los ojos.
Nos detenemos allí.




Rodolfo Privitera (1937, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: Foto de Greg Gorman

9 de mayo de 2018

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Jorge Aulicino, un poema inédito

Un notable poeta argentino


7



Nadie mejor que el fresno imita al fresno. Repite
los dibujos su corteza. Un programa binario
los maneja. Este fresno no es idéntico al otro, 
pero seguramente iguales variaciones del
dibujo podrán ser encontradas en distintos
fresnos. No pensamos en esto al mirar los fresnos.
Una hoja nada más caída al barro es un mundo
indescriptible, sobre todo en el instante en que
diversas tormentas moleculares comienzan
en la superficie al entrar en contacto con el
barro. Nadie cree que todo lo que sucede
en ese único segundo puede ser narrado.
Nada de un mísero instante puede ser narrado.
Nada, pintado. Sombras doradas las palabras
se tienden sobre el río y le dibujan cortezas
de aquel fresno, que no le rozan la superficie.
Colecciones de poemas entran y salen por
sus bocas, y por las bocas de sus poros y de
sus células. El río nos da qué hablar, pero en la
realidad profunda donde hubo una explosión gris
que le dio nacimiento nadie entra, el río sólo
permite que hagamos las sinuosas realidades,
poemas que no nacen de él y que nos llevan a
remar en cierto cielo de pintura oriental,
como entre camalotes no sostenidos por el
agua sino por la tela blanda de la página,
con microscópicas briznas de corteza que la
amarronan en conjunto, pero son de cerca
puntos oscuros, canoas entre poros, breves
embudos del agua blanca, neutra, resultado
del litigio que hace años mantenemos con el
río pacífico pero inabordable, como
si de materia no fuera.



Otros poemas de Jorge Aulicino, aquí

Imagen: sonambula.com.ar

6 de mayo de 2018

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Nurit Zarji



Poesía israelí



Bajo la lluvia  la casa titila como una burbuja.
Una materia arcaica zumba entre el cielo y la tierra
cierra el paso al aire,
promete que ninguna plegaria llegará a destino.

Los techos desaparecen. El gato y la mosca
son empujados hacia los sótanos de la tierra.
La isla del mundo se ahoga en la lluvia
la lluvia se ahoga en la lluvia.

Son lavados con furia,
los arbustos, los troncos, las ramas,
todo se lava menos mi soledad.





La nave de las familias descendió sobre la cima
del Ararat. Desde abajo, la catatonia desnuda en erupción.
Cansadas del largo viaje,
las familias guardaban silencio. No tenían nada
que decir a su favor fuera del haber sobrevivido.

Aquellos cuya memoria fue herida a golpes
salieron a la ruina del mundo.
Quien desembarcaba no podía regresar.

En las fotografías  puede verse que perdieron todo lo que tenían en común
y que el mundo, con sus dedos, les había tocado la columna vertebral.
A veces pensaban que se salvaron, a veces
que su fin se acercaba. A veces cuando veían
las luces del arca  palidecer a lo lejos

creían que ella se hundía.
Y a veces, entre las nubes doradas veían
que navegaba. Se les partió el corazón cuando pensaron 
que ella iba rumbo a la tierra verdadera.




Nurit Zarji (1941, Jerusalén, Israel)
Traducción: Adam Gai

Imagen: Antigoo


בגשם הבית מהבהב כבועה.
חומר ארכאי מזמזם בין שמיים לארץ
חוסם את מהלכי האויר,
מבטיח ששום תפילה לא תגיע.

גגות נעלמים. החתול והזבוב
נדחקים למרתפי ארץ.
אי העולם טובע בגשם
הגשם טובע בגשם.

נרחצים בזעם שיחים, גזענים, ענפים.
הכל נרחץ מלבד בדידותי.


אררט. מלמטה געשה עירומה הקטטוניה.
עייפות מן המסע הארוך,
המשפחות שתקו. לא היה להן
לומר דבר לזכותן פרט לשרידה.

אלה שהוכה זיכרונם
יצאו אל חורבנו של העולם.
מי שירד לא יכול היה לחזור.

בתצלומים ניכר שאיבדו כל מכנה משוטף
ושהעולם נגע באצבעותיו בחוט השדרה
שלהם. לפעמים חשבו שניצלו, לפעמים
שקירבו את קיצם. לפעמים כשראו
את אורות התיבה מחווירים מרחוק

האמינו שהיא טובעת.
לפעמים בין העננים המופזים ראו
שהיא שטה. זה שבר את לבם כשחשבו
שהיא נעה בדרך אל הארץ הנכונה.


4 de mayo de 2018

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René Char



París sin salida




Calle de Sèvres
Una puerta de garage antes de la tienda Le Tournis,
Mediodía, y el verano
Sobre el asfalto suspende todos los impulsos.
Una joven mujer,
La línea de sombra de su falda desnuda
Es cómplice de su cuerpo encantador,
Persigue un sueño despierto,
Sentada en la piedra misma del umbral.
Yo la llamo
Lectora de las doce adormideras blancas,
Meridiana,
Aunque todavía tenga los ojos muy abiertos
Y los dedos simétricos
Mientras hojea su libro ausente,
Permanece, la pierdo.
Sin tardanza, en la siguiente calle
Sílaba de eco, amante precipitada.




5. Versos y fragmentos




Fueron traídos al mundo Transparentes bajo oropeles
improvisados. Es así como se fundó la maledicencia.
Deseo, deseo con una sola maleta y múltiples trenes.
Amo a quien respeta a su perro, quiere sus herramientas,
no decortica el árbol para castigar la savia, no
le echa agua al vino de la verdad, se burla de la existencia
de un mundo ejemplar.
Hubo el vuelo silencioso del Tiempo durante milenios,
mientras que el hombre se adaptaba. Vino la lluvia;
después el hombre marchó y actuó. Nacieron los
desiertos; el fuego se elevó por segunda vez. El hombre,
entonces, poseedor de una alquimia que se renovaba,
estropeó sus riquezas y masacró a los suyos.
Agua, tierra, mar, aire, apoyaron; sin embargo, un
átomo resistía. Esto sucedía hace algunos minutos.
No inciten a las palabras a hacer una política de
masas. El fondo de ese océano ridículo está empedrado
de cristales de nuestra sangre.
Desde la operación de los totalitarismos ya no estamos
unidos a nuestro yo personal sino a un yo colectivo
asesino, asesinado. La ganancia de la muerte condena
a vivir sin el imaginario, fuera del espacio táctil, en
mezclas envilecedoras.
Baudelaire, Melville, Van Gogh son dioses despavoridos,
y no lecturas de dioses. Agradezcamos. Y agreguemos
Mandelstam El Inclinado, nadando, el brazo
azul, su mejilla apoyada sobre el espanto y la maravilla.
El espanto que le infligieron, la maravilla que él no
le opuso pero que emanaba de él.
Recorrer el espacio, pero no echar una mirada sobre
el Tiempo. Ignorarlo. Ni lo hemos visto, no lo hemos 
sentido, menos aún medido. En un segundo, todo se
queda en el único sagrado incondicional que jamás
existió: aquél.
¿Han elaborado, las delicias de la imaginación, los
horrores que afrontamos?
Las largas lluvias de la imaginación, aunque tengan
todo el campo, tienen un derecho y un revés. Bien que
mal.
Algunos días, no hay que temer nombrar las cosas
imposibles de describir.
El universo de la materia es más mentiroso que el
mundo de los dioses. Es permitible modificarlo e invertirlo.
El Arte ignora la Historia, pero se sirve de su terror.
Los acontecimientos de nuestra existencia, el bandidismo
de las sociedades, forman el montón de grava
de escombros y de fierro que sirven a sus cimientos.
Voy a hablar y voy a decir, ¿pero cuál es el eco hostil
que me interrumpe?
A la vez vivir, ser engañado por la vida, querer vivir
mejor y poder hacerlo, es infernal.





René Char (1907, L'Isle-sur-la-Sorgue / 1988, Paris, Francia)
Traducción: Dante Medina
Fuente: http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/rene-char-1977.pdf
Imagen: Turia

30 de abril de 2018

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Revista "Hablar de poesía"






Escribe Laura Wittner: “Un cielo, un lago, un bosque o todo un paisaje pasan por el tamiz del lenguaje y la subjetividad antes de aparecer, reconstruidos y vigorizados, en el texto. Schuyler atraviesa una escena campestre y sale con flores pegadas en la ropa y colores tonalizando su conciencia. La escena lo atraviesa y sale con nueva estructura, nuevos sentidos, una música única”. James Schuyler, quien fuera secretario personal de Auden durante su estancia en Ischia, es el más íntimo de los llamados “Poetas de Nueva York”. Basta señalar que su primera lectura pública aconteció en 1988. Versos breves y estrofas largas como una columna vertebral; capturador de instantes fugaces, su mirada pictórica y su capacidad descriptiva hacen de sus poemas vívidos trazos de una imaginación atenta a las fluctuaciones de los colores en las frutas, las luces de las pasiones y las intermitencias del ánimo 
LOS CRISANTEMOS COREANOS
Acá en este jardín
son enormes y como margaritas
(¿por qué no? ¿no es el
margaritón un cristantemo?),
arbustivos y de tallo grueso,
las hojas hacia arriba
apuntan al pedúnculo del que
surgen las flores en
forma de sol. Me encanta
este jardín en todos sus humores,
aun bajo su capa invernal
de yerba de sal, o ahora,
en octubre, cuando no queda
más que la mitad: aquí
una rosa, allí una mata
de acónitos. Esta mañana
uno de los perros mató
una lechuza. Bob vio
cuando pasó, trató de
intervenir. El airedale
le partió el cuello y la dejó
ahí tirada. Ahora el ave
está enterrada junto a un
manzano. Ayer
vimos desde la mesa
al búho, inmenso en el crepúsculo,
volando en círculos por encima del campo
con silenciosas alas de búho.
El primero que se haya
visto por aquí: ahora ya no está,
no es más que un sueño recordado.
Los perros ladran. En
el estudio suena música
y Bob y Darragh pintan.
Yo garabateo en una
libretita en una mesa del jardín,
con una camisa demasiado gruesa
para el sol de mediados de octubre
hacia el que miran todos los
crisantemos coreanos. Tengo
al lado un libro soso,
un corazón de manzana, cigarrillos,
un cenicero. Detrás de mí florece
la ruda que le regalé a Bob.
Luz sobre las hojas,
tanto para ver, y
lo único que veo en realidad es ése
búho, su volumen perturbando
el crepúsculo. Pronto
voy a olvidarlo: ¿qué
hay que no haya olvidado?
O que algún día no vaya a olvidar:
este jardín, la brisa
en calma, incluso
las palabras, crisantemos coreanos.
(Traducción de Laura Wittner, Una ciudad blanca, Gog & Magog, Buenos Aires, 2012).

 http://hablardepoesia.com.ar/